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Formación Gestalt

Si entendemos la gestalt fundamentalmente como una actitud, como el aprendizaje de una actitud que es tanto general y atañe a lo personal, como específica y aplicable a la manera de hacer como terapeuta o como gestaltista, es lógico pensar que formarse en gestalt sea algo más que aprender conceptos y técnicas. Lo más importante es el proceso de transformación que suele ocurrir en la persona que se realiza esta formación. Porque formar-se en Gestalt podemos entenderlo, casi casi como un re-formarse o como un de-formarse. Deformarse porque la experiencia de esos tres o cuatro años -según las escuelas- supone para muchas personas un dejar caer sus ideas y preconceptos sobre sí mismas, un encuentro con lo que uno decidió no-ser, con la identidad negada; y también con lo que el estudiante se va encontrando, finalmente, como persona y como profesional. Un trabajo de autoconocimiento como individuo-en-contacto, salpimentado de técnicas, teorías, estrategias y aprendizajes de intervenciones.

Un volver en alguna medida al caos esencial, a ese "inmenso océano absurdo", a aquello que éramos antes de tener una identidad concreta. Deformando la personalidad que resulta parcialmente falsa por ser fundamentalmente automática. "Volver" que tiene como objetivo principal, buscar lo más genuino de uno mismo y convertirlo en estilo de intervención con el otro, sea éste "otro" persona, pareja, familia, grupo, institución o entidad. La formación en Gestalt supone también un re-formarse, en el sentido de darle una nueva forma a las partes que nos constituyen. Dividir provisionalmente el individuo que somos para darnos la posibilidad de armar el puzzle de otra manera. Asistir de nuevo al proceso de formarse como persona Es tener una "segunda oportunidad" para mirarse a uno-mismo-en-contacto-con-el-otro, como adulto que se acuerda de que una vez fue niño. Aprendiendo a reconocer a la vez lo propio y lo ajeno, precisamente eso que entonces, como infante, no fue posible. Unas escuelas gestálticas ponen énfasis en lo gozoso del asunto. Enfocarán entonces como primer plano la frescura y el desatasque de corsés y de guiones preestablecidos que caracterizan popularmente la formación gestáltica. Otras, en cambio primarán el acceso a lo doloroso como camino para verificar experiencialmente aquella aseveración del fundador, de Perls, de que la enfermedad es la evitación del dolor psíquico que lo transforma, paradójicamente, en sufrimiento crónico. Formarse en Gestalt es asimismo aprender una metodología de intervención psicosocial donde importa quién es el profesional como persona, con lo patológico y con lo genuino, matrices ambas de lo más creativo del alumno que se forma, y de todos nosotros.

Los diferentes niveles o ámbitos en que la AETG (Asociación Española de Terapia Gestalt) ha estructurado la formación incluye cinco aspectos esenciales:

  1. Lo terapéutico, vivencial o experiencial. Que centra la tarea en encontrarse con uno mismo como persona, con los huecos y con los llenos, con los déficits y con los excesos. Pretende contactar con la patología biográficamente asentada, y con el intento de asumirla y transformarla en un estilo único y personal de ser gestaltista.
  2. Lo teórico. Aprender a poner palabras como interventor en el otro, como acompañante de procesos. Así como también ponerle palabras al discurso del otro, y muy especialmente a su estructura, a sus vínculos entre forma y contenido; a las relaciones entre el qué y el cómo del discurso, entre su cuándo y su dónde. Y contrastarlas, tanto con lo que los pioneros del enfoque -Fritz y Laura Perls, Simkin, Goodman, Zinker, los Polster, Naranjo y otros- han dicho sobre ello, como también ponerlas en relación con las principales teorías de la psicoterapéutico (psicoanálisis, cognitivismos y enfoques sistémicos, otros enfoques humanistas y transpersonales...). Y vincular esas palabras o maneras de llamarle a las cosas del oficio, más en general, con los enfoques de la relación, del servicio o de la ayuda.
  3. Lo técnico. Reiterando el aforismo de los Polster, en Gestalt, "el terapeuta es su mejor herramienta". Precisamente por eso, a la vez que el formando se incorpora a sí mismo como instrumento, el proceso en entrenamiento quiere llevar al alumno a encontrarse con un arsenal de útiles. Para unos, este arsenal deberá ser necesariamente limitado, porque entienden que la primacía de la actitud obliga a no dispersar el proceso con variables metodológicas que, si bien aportan creatividad y amplitud de miras, pueden llegar a difuminar lo esencial. Otros rescatan la libertad de movimientos y de actitudes que el enfoque gestáltico otorga al profesional, y su consecuente riqueza de posibilidades técnicas, instrumentales y aplicadas.
  4. Lo estratégico o metodológico. Combinar la potencia personal, la significación y la simbolización teórica, y el uso de haceres eficaces, faculta para la "verdadera" libertad metodológica". Formarse es también aprender secuencias y procesos, pautas y posibilidades en el encuentro profesional con el otro como ser único. Aprender leyes que vinculan lo general con lo particular, y viceversa.
  5. La supervisión de todo ello. Poder "visar" la secuencia con otros ojos: Sean los propios puestos en un lugar no frecuentado, sean los de los otros iguales compañeros de grupo o los del supervisor-formador. Aficionados, estudiantes y profesionales de las ciencias psicológicas, pedagógicas, sociales, artísticas, empresariales y médicas -principalmente- acuden a la formación en Gestalt atraídos quizás por el reclamo de esa rara palabra, "gestalt" que, intraducible del alemán, viene a significar a la vez, un "todo con sentido en sí mismo, diferente de las partes" y, más popularmente, un enfoque experiencial de vivir y de la vida. Y también desde los años 40 una disciplina que se va abriendo camino entre lo científico, lo académico, lo artístico y lo social. "Gestalt es...", por decirlo en pocas palabras, seguramente, un proceso de aprender a ser. Formarse en ello, por lo tanto, un entrenarse en lo "simpático" que, en palabras de Perls, es un compromiso con el campo total, un aprender a percatarse de sí mismo y del otro, a la vez.

 

Albert Rams

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